La trilogía de Noriko de Yasujirō Ozu

Yasujirō Ozu es un autor que conocía principalmente por Cuentos de Tokio, una de las películas más importantes del cine Japonés. Hace unos años que la descubrí, gracias a su remake Una familia de Tokio (también altamente recomendable) y me maravillé ante la capacidad del autor para decir tantas cosas con tan pocas palabras.

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La historia nos narra el periplo de dos ancianos desubicados, perdidos en el Tokio moderno, olvidados e ignorados por sus hijos y con el único ancla de su nuera. Es una película preciosa, el resultado y desenlace de una trilogía en la que el director ahonda de diferentes maneras los mismos temas.

La trilogía de Noriko tiene precisamente eso en común, la temática tan reconocible en las tres, los actores que se repiten aunque interpretanto diferentes papeles y Noriko, el nombre que da vida a un personaje que aunque no llega a ser el mismo en las tres películas sí tiene muchos puntos en común.

Lo primero que habría que advertir quizás a una persona no habituada al cine japonés, es que se lo tome con calma. El cine japonés ya de por sí es más lento pero el clásico de los años 50 puede resultarle a más de uno soporífero si no logra conectar con la historia. En mi caso no tengo ese problema, la cotidianidad que nos relata Ozu en esta trilogía ambientada en la posguerra, ese estudio de caracteres y de heridas abiertas me fascina.

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Probablemente Yasujirō Ozu sea el autor que mejor haya defendido el género costumbrista y estas tres películas son buena prueba de ello.

En todas atisbamos a ver las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial en Japón, la ocupación Estadounidense, el conflicto entre la tradición y la modernidad, esa lucha de las mujeres por salirse del rol claustrofóbico que llevaban siglos ocupando en el país nipón, el desapego de los jóvenes, la soledad de los viejos… En fin, esta trilogía resulta un estudio fascinante de una época y un lugar.

Personalmente, no podría elegir una sola de las tres, quizás Cuentos de Tokio fue la que más logró emocionarme, la más completa de todas…. pero Principios de verano me llegó en los personal, y al mismo tiempo Primavera tardía me enterneció como pocas películas.

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Sobre todo las dos primeras (Primavera tardía y Principios de verano) tienen como gran protagonista a esta Noriko. En las dos es una joven que ya ronda los 30 años, por lo que empieza a ser para sus familiares una necesidad que se case, mientras que en la primera es una mujer entregada a su padre viudo que no quiere abandonar, en la segunda nuestra Noriko es una secretaria que disfruta de su independencia y no tiene ningún interés en casarse. Esta libertad femenina que asoma aún muy timidamente es representada también en las amigas de Noriko (en un caso una divorciada y en el otro una soltera orgullosa) y contrapuesta con el resto de los personajes.

El conflicto viene por parte de la sociedad japonesa de la época que a pesar de estar en completa evolución y que trata de romper con ciertas tradiciones, no comprende que una mujer no quiera casarse, pues hasta que no lo haga no estará realmente completa ni podrá ser feliz. ¿No os suena esto a todas esas entrevistas a modelos y actrices que comentan que hasta que no tuvieron un hijo no se sintieron realmente realizadas? Es triste pero cierto, el Japón de los años 50 a veces está escalofriantemente cercano a nosotros.

Cuentos de Tokio en cambio, está más centrado en el drama de estos dos ancianos que van a visitar a sus hijos del pueblo a la gran ciudad y allí se encuentran que son un estorbo para ellos más que otra cosa. Este desapego es tan enorme que traspasa al espectador por completo. Es una película muy melancólica y preciosa, como todas dentro de esta maravillosa trilogía.

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Podríamos analizar muchas cosas de estas películas, desde su maravilloso guión a su excelente fotografía pasando por el poderío de los actores. Quizás Setsuko Hara, la actriz que interpreta a Noriko en las tres películas resulte a veces exagerada o extraña para el público occidental pero siempre hay que ver este tipo de cine con cierta conciencia de la época y el lugar en el que fueron realizadas.

En fin, no me queda más que recomendar estas tres películas, tan bonitas y tristes, reflexivas y críticas, que tanto han conseguido hacerme reflexionar.

Eso sí, si no estáis acostumbrados al cine japonés os recomendaría ver antes el remake (Una familia de Tokio) para que el choque no sea demasiado fuerte.

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La trilogía de Noriko de Yasujirō Ozu